miércoles, 1 de mayo de 2013

Mafalda de nuestros días




Había una nube negra sobre el colegio en la montaña que parecía que se lo iba a comer a bocados: Ñam. Y así mi hija cumpliría el máximo sueño de Felipe: no ir al colegio porque una catástrofe natural ha hundido la escuela en una sima de la que jamás podrá volver a salir o que unos avezados terroristas chiíes pongan una megabomba especial que destruya el edificio, pero no a las personas.  

Malos tiempos para Mafalda si a día de hoy fuera a una escuela española. La imagino increpando a su maestra: “De acuerdo, ya sabemos que usted ama a su mamá y que su mamá la ama a usted, ya que lo hemos repetido unas mil veces. Ahora, ¿podemos pasar a cosas más interesantes?”. 

Y Mafalda entendería qué es lo que está de moda en España en el siglo XXI: Repetir y repetir, que la letra sea bonita, una pasión por la lecto-escritura tan extremada que llega a aniquilar los impulsos creativos de los niños. Pero eso es lo que se quiere, ¿no? Anular esos impulsos, que para eso manda el PP. Me viene a la mente la imagen de una maestra corta-cerebros, que intenta crear mentes llenas de infinitos cuadraditos donde jamás pueda caber un círculo. 

Pero dentro de un sistema educativo cerrado y cada vez más conservador, en la que los maestros parecen mercenarios en vez de profesores, hay profesionales de la educación que pueden y deben escapar a la norma, acogerse a su libertad de cátedra e intentar fomentar la imaginación de los niños. Al fin y al cabo los sueños más grandes son los que han conseguido los grandes avances científicos o las mejores obras literarias. Seguir a la masa nunca ha dado grandes creadores ni nada de nada. Los mejores escritores no encajan en ningún sitio, y precisamente porque no encajan, son capaces de crear un mundo alternativo en sus libros. 

Para contrarrestar esta atmósfera conservadora, mi niña viene del colegio y entra a casa, y dice muy a menudo: “Se acabó el infierno y empieza la libertad“. Libros, televisión, ordenador, consola, interesantes conversaciones con amigos a través del teléfono,  y clases de tecnología que yo le doy con la mejor de mis intenciones: “Búsqueda avanzada en Google para niños con su correspondiente dosis de inglés, lengua imprescindible para manejarse en el ciberespacio”. Una horita que le das y la niña crece tres palmos. 

Si sólo fuera la reforma educativa, pero es que la educación es la base de todo. 

Con todo el desparpajo, ya lo decía el ministro Wert: “Dar religión en las escuelas es una opción política”. Sí, la opción de los fachas. Porque sólo dan religión católica, qué bien les vendría a muchos leer El viaje de Teo. Como dice una amiga traductora de nacionalidad rusa: “Ustedes el problema que tienen es que aún están en la Guerra Civil”. Pues sí, no se curan las heridas, no se cura el problema.



La crisis (no es una crisis, es una estafa) y los políticos plegados a los bancos siguen demoliendo vidas sin piedad. Nos han quitado los cimientos bajo los pies y es como si estuviéramos en la habitación de la casa de Dorothy que daba vueltas enloquecida sobre sí misma en medio del tornado de El Mago de Oz. Pero a ellos, también, a los ladrones, les han quitado el cimiento bajo los pies. 

Ya nadie está seguro. Los e-mails privados, las declaraciones de cuentas bancarias y de Hacienda, empiezan a ser exigidos por los jueces como pruebas de investigación. Ya sabemos que las escuchas ilegales no valen en un juicio, pero emitidas en la radio o la televisión, o transcritas en prensa, crean opinión pública sobre lo que es lícito o moral . Será ilegal, quizás amoral, pero esto es tocomocho: Has dicho esto, Perico de los Palotes. Lo has dicho. 

Mafalda contemporánea: cómo sería la visión de una niña inteligente que hoy en día tendría toda la razón de existir. Me encantan los cuentos y los libros sobre niñas inteligentes, con todo su talento por proyectar y cómo aprendemos las limitaciones que ya desde pequeñas les impone la escuela o la sociedad. Niñas o adolescentes que se rebelan contra el destino natural que les marca su entorno social. Como Pippi Calzaslargas,  como Momo, como Jo, de Mujercitas, como Calpurnia Tate, la protagonista de La evolución de Calpurnia Tate, una niña apasionada por la ciencia que vive a finales del siglo XIX. Tan interesada en Darwin como su madre en “reeducarla” para conseguir una señorita que sepa moverse en los bailes de sociedad y “atrapar” un marido. Pero la madre no llega nunca a lograr su objetivo. Ya en Calpurnia el clic del saber la ha transformado para siempre y será imposible volver atrás.



Ahora mi hija devora el grueso tomo de Todas las tiras de Mafalda y yo siento una gran satisfacción cuando la escucho reír, a veces estallar en carcajadas, y pienso en la maravilla de saber cuantas ideas de altura y cuanto vocabulario está aprendiendo. 

Si la escuela no forma ciudadanos, y ya no hay más una asignatura parecida a “Educación en Ciudadanía”, entonces esa responsabilidad recae sobre nosotros, los padres. Hagamos a nuestros hijos saber que el espíritu crítico es una de las cosas más grandes que pueden aprender en esta vida. Brindo porque Mafalda encuentre por fin la escuela que merece tener.

Gracias, un saludo y hasta pronto. 


sábado, 20 de abril de 2013

viernes, 12 de abril de 2013

Violette




Mi primer amor se llamaba Alfred, así que le puse a mi hija Violette para controlar todo el abecedario. 

A lo largo de la vida he conocido a muchos adoradores del alfabeto, se ve que somos una gran tribu. Descubro recientemente a otro apasionado del abecedario que añadir a esta especial lista de amantes: Juan José Millás cuenta que su padre adoraba esa secuencia de letras ordenadas que son la base primigenia del lenguaje. El amor por el abecedario sólo se puede comparar con el amor a las palabras.  

Las letras, las consonantes, su sonoridad, te llevan a elegir el nombre de un personaje. Piensas: qué nombre le calzaría como un guante a ese secundario que está creciendo sin hacerte caso, que tú le decías: “eh, cariño, tú eres pequeño”, pero sabes que está ganando la batalla y al final se va a comer la novela con patatas, lo quieras o no. 

En realidad es algo intuitivo, porque hay que saber esperar ese nombre. Generalmente el personaje te dice “me llamo así” y siempre es una revelación. Un relato que escribí a los 9 años, pues yo sabía que el nombre de la niña protagonista, (que tenía que robarle una llave de oro a una bruja que vivía muy lejos, más allá de cordilleras y montañas del mundo conocido, y mientras tanto despreciaba cuantos príncipes azules se encontraba en el camino), comenzaba por P. Al final el cuento se llamó “Pat y la llave de oro“. El nombre de Pat era el de la vieja cocina de hierro de la familia de Laura Ingalls en La casa de la Pradera. Las brujas tienen mucho predicamento en todos los cuentos, y ahora en Inglaterra triunfa una canción del Mago de Oz que se llama “La bruja ha muerto”, después del fallecimiento de Margaret Thatcher. ;)



Veo un reportaje sobre los judíos en Repor TV y me asombro de las coincidencias. De niña, en el pueblo, un altavoz situado en lo alto del campanario de la iglesia informaba detalladamente a los vecinos de los que habían pasado a mejor vida. Los judíos también lo hacen, pero sus altavoces están montados en vehículos y pasean por el barrio de la ciudad informando del deceso. Creen firmemente que el alma está separada del cuerpo y que ésta sólo se junta con nuestra carne cuando nos casamos. Creen que la mujer es impura durante la menstruación, no mantienen relaciones sexuales en ese período y una de las mujeres del reportaje decía “es el único tiempo en el que te conviertes en amigo del otro“.  

Hoy me encuentro dos mujeres muy distintas en su forma de enfocar la vida. La mujer que se queja lastimosamente en el quiosco, porque no tiene tiempo para ir a comprar el periódico todos los días. Trabaja en una guardería y se escapa a comprarlo cuando los niños comen, porque está haciendo un coleccionable de cuadernillos culturales. Por otro lado, me encuentro a la vecina tonta y omnipresente que lleva plegada la bolsa del Mercadona en la mano, y la luce ostentosamente como si fuera una billetera de Hermés, y a la que jamás he visto en ningún quiosco en busca de lectura, mucho menos en una librería. 

Las mujeres nos balanceamos en este difícil equilibrio entre vida privada y profesional. No quieres quitar tiempo a tus hijos, pero tampoco quieres quitar tiempo a tu trabajo. Y al final sientes que lo tienes todo a medias, la educación de tus  hijos y también el trabajo. Vas de una habitación a otra con la intención de hacer algo, pero en el comedor está tu vástago informándote de las últimas novedades de todo (series de TV, Pokemon, juegos de ordenador y consola, libros que está leyendo) y llegas a la otra habitación y se te olvida lo que buscabas. Y tienes que volver sobre tus pasos a recoger la idea que parece llega a la mente mágicamente allí justo donde la tenías olvidada. Eso sí, la orgullosa propietaria de la billetera de Mercadona-Hermés tiene una frase que pasará a la historia en la vida de todas las madres: “Para qué me regalas la crema de 60 euros, Manolo, si tengo cuatro críos y nunca tengo tiempo de ponérmela“.  Equilicuá. 

Os dejo con el trailer de una película que me ha fascinado, Carmina o revienta, del director Paco León. Sobre todo me ha fascinado el hecho de saber que esta película se rodó con dos cámaras de fotos en sólo 9 días. Y el resultado es excelente, conmueve, y eso es arte, que se te revuelva algo por dentro cuando estás en el cine y salgas de él renovado y algo más feliz. Quizás pensativo, ligero. 

Feliz fin de semana. 


miércoles, 10 de abril de 2013

No. No estáis legitimados.






Salió recientemente en la televisión Carlos Floriano, vicesecretario general de Organización del PP, y aseguró que es la izquierda más radical la que está detrás de los escraches en las casas de los políticos, y dice que esta izquierda no está legitimada, pero sí el Gobierno del PP por los votos que recibieron en las últimas elecciones generales. 

Me parece un increíble ejercicio de cinismo por parte del señor Floriano, si no fuera porque el Gobierno ha roto ya todos los límites del cinismo y la falta de credibilidad. Ahora mismo el programa electoral del PP del 2011, el cual votaron millones de españoles, parece un manual de política-ficción que nunca ha existido ni existirá. Han engañado masivamente a sus votantes, y aún esperan que estemos todos muy contentos, y sobre todo, callados. Resulta cuanto menos curioso que el Gobierno critique ahora los escraches cuando ellos mismos justificaron en el pasado el acoso a políticos. 

Recientemente acudí a una reunión de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y me quedé desalentada. Decían “la gente se cansa y no vuelve más”. Y yo pensé: “La gente tiene miedo, miedo de que esto no sirva de nada, y sólo sea útil para significarse ante la policía”. 

Aseguraban en esa reunión que lo único que les queda a los desahuciados es pelear con los bancos, porque a nivel judicial aún poco se puede hacer, ya que el PP parece decidido a tumbar muchos aspectos de la ILP que contempla por ejemplo la dación en pago retroactiva universal, como ocurre en Estados Unidos y en algunos países europeos. 

Hay concejales del PP que han devuelto su carnet, avergonzados de no poder defender ante la ciudadanía ninguna consigna del partido, entregado a la vista de todos a los bancos, y dejando que 400.000 familias sean desahuciadas de sus casas por una quiebra del sistema que los mismos bancos han contribuido a provocar. En Islandia se encarcela a los banqueros y políticos corruptos, y son condenados con la mínima oportunidad de incorporarse después a la empresa privada con todos los honores, como ocurre aquí. Y como dicen los de la PAH “no nos podemos permitir tirar la toalla”.  

De pequeña, yo creía que todo se iba a solucionar. El mundo, me refiero. Que toda la lucha de la gente buena del mundo por conseguir más justicia para el ser humano, pues que eso iba a funcionar y se conseguiría una sociedad más igualitaria para todos. Utopías de infancia, pero no debemos olvidar que la utopía muchas veces marca el camino a seguir. 

Como decía una amiga, para qué ver películas de terror, basta con leer el periódico o escuchar el telediario. Observo horrorizada que en un telediario de TVE1 del pasado mes de marzo, informan sobre las consecuencias psicológicas de los desahucios, y nos presentan a “expertos” que se dedican a “tratar” a los afectados, y me doy cuenta que quieren “normalizar“ el desahucio, como algo inherente al sistema y no criticándolo en absoluto. Y aquí no hay que normalizar nada. Ada Colau, no pares. Yo tampoco pienso parar. 

Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE, dice que el gobierno debe abrir un fondo para ayudar a las familias más vulnerables. Pero yo creo que la solución puede ir incluso más allá. Como dice John Ralston Saul, hay que dar el dinero a la gente, para que pague sus hipotecas, y no a los bancos. Parece obvio, pero eso podría resanar el sistema, y lo más importante, a las personas. 

Coincido con un amigo en creer que los mejores escraches serían “los escraches musicales”. Que nos fuéramos todos a avergonzar a los políticos a sus casas a cantarles al modo de la tuna. Que para nada los tunos eran manifestaciones espontáneas. Después del concierto ante el balcón, había que prepararles cena a lo grande con bebida incluida: o sea, un morro que se lo pisaban. Nosotros no le pediremos a los políticos que nos den de cenar, sólo que admitan la dación en pago de una vez por todas. 

Vivimos, también en España, el fenómeno de la centrifugación histórica, un período en el que los cambios se suceden muy rápidamente. Todo empezó con la primavera árabe, y llega un momento en el que el sistema tiene que cambiar. Las instituciones se resisten, pero ya no hay nada que pueda frenar esto. La crisis económica ha motivado que los ciudadanos se pongan en acción y provoquen un efecto dominó. 

Se ponen sobre el tapete temas hasta hace pocos meses impensables, como una necesaria revisión de la institución de la Corona, e incluso la abdicación del Rey. El bipartidismo no para de bajar y ya no llega ni al 50% del electorado, lo que según algunos expertos propicia que se plantee reformar el sistema electoral y dar más oportunidades a los partidos minoritarios. 
Hace pocas noches soñé con desahucios y me levanté tatareando Perlas Ensangrentadas, de Alaska. 

Ya estamos en Abril, y el Himno de los Claveles resuena como un acto libertador desde nuestro vecino Portugal. No se preocupen si pasa el tiempo de los escraches. Reinventaremos nuevas formas de reivindicar justicia para los ciudadanos.

Gracias, un saludo y hasta pronto.    


miércoles, 27 de marzo de 2013

jueves, 14 de marzo de 2013

El hombre del súper


Mi ex_amigo (naturalmente pongo con mucha intención lo de “ex” y ahora mismo lo entenderán) se burló en complicidad con una cajera de un pobre hombre mal vestido, sentado en la salida del supermercado, que no pedía dinero, pero se le veía confuso y perdido. 

Pensé que igual tenía miedo, que estaba solo y asustado. Intuí que le había pasado algo horrible. 

Leo en el periódico que el abogado defensor de unos neonazis que propinaron una brutal paliza a un indigente, dijo tan tranquilo que los mendigos “no son personas”. Por lo menos, el Colegio de Abogados de Madrid ha anunciado que actuará de oficio contra el abogado nonagenario y fascista defensor de lo indefendible, y que ha convertido este juicio en un alegato del pensamiento neonazi. 

Ese desprecio del que tiene la vida asegurada es característico de los que se creen protegidos por Dios porque disfrutan de una buena situación económica. Esta idea tiene su origen en el Puritanismo y el Calvinismo: Esa teoría cruel de pensar que si te va mal en la vida, es porque te lo has ganado, ignorando que ésta es una sociedad muy injusta, que no reparte a todos las mismas cartas en la línea de salida.  

Las pintas que lleves pueden determinar que te dejen entrar o no en el establecimiento alimentario. A veces, sólo a veces, echo de menos cuando vivía en Madrid. Te podías poner un pijama, un abrigo encima y trasladarte al otro extremo de la ciudad sin ser advertido. Una vez me puse una peluca azul y me metí en el metro. Sentía curiosidad por testar la reacción de la gente. ¿Creen que alguien notó nada extraño? Pues no. 

En el súper, a menudo puedo ver las miradas de desprecio y preocupación (incluso nada discretas llamadas a los servicios de seguridad) cuando el indigente sólo compra un litro de vino tetra-brick (a las 9 de la mañana) y una barra de pan. Paga con lo que acaba de recoger en la calle, en su sombrero. Y es entonces cuando te molestas muchísimo con la maldad y la falta de empatía humanas. 

Qué sabemos qué le pasó a ese hombre. De dónde viene, qué recursos físicos, intelectuales, emocionales, tenía por nacimiento para enfrentarse a una situación como la pobreza. Hay gente que nace en guetos, económicos, sociales, por raza o procedencia. Eso es lo que deberían entender “los blancos Wasp” aposentados en su acomodada vida. 

Yo creo que a todos nos asusta la pobreza, más en estos tiempos, o el advenimiento de alguna desgracia (más proclive en estos tiempos). Y ese mismo miedo, ese terror a la miseria propia, es lo que nos aleja de comprender la miseria de los demás. No queremos ver la pobreza, la enfermedad, la muerte, sin saber que todas estas cosas nos acompañarán toda la vida y que consolar a una vecina que se le acaba de morir el marido es lo mejor que puedes hacer en esta vida. No hablar de la muerte es una losa muy dura en esta sociedad. Incluso lo veo insano. En otras culturas, como en la India, todos se visten de blanco en los funerales, y la ceremonia de despedida se convierte en algo alegre porque todos le desean al fallecido una vida próspera y feliz en el otro lado.  

En el súper también, una vez vi el dolor en los ojos y la cara de una mujer muy humildemente vestida. Ella se sintió “traicionada” porque yo había descubierto su dolor, supe en ese mismo instante que a esa mujer le había pasado algo. Pero ella no buscó consuelo en mí, como me habría gustado, sino que huyó, fastidiada, porque la había descubierto. 

Pero hasta los tristes de corazón van a comprar comida, algo que deberían tener en cuenta las perfectamente maquilladas cajeras de Mercadona. Que esa clienta que viene toda la vida vive y ama, y gana y pierde, y simplemente ese día sólo se puede poner una especie de pijama para ir a comprar. No la critiques con la mirada, y haz tu trabajo. Espera. Puede ser que dentro de un año, o dos, esa misma mujer aparezca esplendorosa y se sitúe en tu línea de caja dispuesta a pagar con una sonrisa de oreja a oreja. Nadie sabe el futuro de nadie. 

Hoy, en el ascensor, hago la gracia y le digo a mi compañera de transporte: “Hala, ya te has comprado la fregona, qué, a limpiar” y la chica me cuenta en dos segundos toda su vida. “Tú verás, trabajo hasta sábado al mediodía, los sábados por la tarde me toca ir a comprar y limpiar, y eso que no tengo hijos”. 

Cómo somos las escritoras, qué cotillas, nos encanta que la gente nos cuente su vida. Aquí estamos todos igual: A la lucha

¿Y tú? ¿Qué clase de persona eres? Si no eres de la clase de persona que le da un cigarrillo a un indigente cuando te lo pide, piénsatelo dos veces. 


miércoles, 30 de enero de 2013

El que parpadea la pierde


Quiero agradecer a la revista digital AllegraMag, el interesantísimo proyecto digital llevado a cabo por Lucía Etxebarría, el haber podido formar parte de su excelente plantel de colaboradores por un día. Se lo dedico especialmente a toda la gente que me sigue desde hace tiempo y que lo disfrutéis. Como decían en la tele: "Gracias por estar ahí".


El que parpadea la pierde. (Enlace directo al artículo en AllegraMag.)

lunes, 28 de enero de 2013

sábado, 5 de enero de 2013

Today, is My Future

Feliz noche de Reyes

viernes, 7 de diciembre de 2012

Peluquerías



“Estáis todas como una cabra y os vais a hundir en el fango“, es lo que pienso después de hora y media de tratamiento en esta nueva y flamante peluquería del barrio. Hora y media llevamos y con pocos visos de terminar pronto. En plena crisis, ellas intentan venderme todos los productos Kerastase que inundan los anaqueles. Es una peluquería recién abierta en un barrio de clase media venida a menos, como todas las clases medias de todos los barrios de España. 

Por suerte, yo sólo quiero hacerme unas mechitas rubias y salgo medio contenta. Pero es memorable la reacción de la clienta de al lado, cuando comprueba que su tinte con mechas bicolores no es “bi” sino que contiene hasta cuatro colores diferentes. Un desastre. Mala reacción de las peluqueras que se ríen por lo bajo y buscan complicidad visual conmigo, complicidad que no les doy porque no se lo merecen y me dedico a leer una revista de famosos cuya vida me importa un carajo, pero hay que escaquearse como sea de la situación. 

Conmigo no cometen tal atropello colorista, pero a medida que va pasando la tarde me voy dando cuenta que el tinte color azul de los pelos de la peluquera no es un detalle sin importancia, sino toda una declaración de intenciones, y siento cierto temor. No puedo evitar recordar ahora con cierto estremecimiento las palabras bromistas de mi hija: “Mamá, tíñete el pelo de rosa como la princesa Chicle, que es súper lista y crea vida con sólo un montón de chucherías, eso sí, con la ayuda de su mayordomo Menta que tiene poderes sobre el inframundo”, (O_O). 



Pienso que soy la mujer más suertuda del mundo, porque evidentemente mis mechas ahora parecen doradas, que es lo que yo había pedido. 

Como digo, es una peluquería nueva, de diseño, con precios competitivos, eso es verdad, y todas las mujeres del barrio vamos cayendo por allí a olisquear, porque nos parece muy bien que “el lujo” venga hasta nuestro barrio y no tener que bajar al centro a buscarlo. 

Pero el lujo no es tan lujo cuando descubres que la peluquera se ha hecho peluquera precisamente para poder contar su vida con todo lujo de detalles a las clientas. Cuando de toda la vida es el barman, el peluquero o el tendero el que atiende los rollos del cliente. Decido que voy a aguantar a esta tía estoicamente durante las tres horas que dura todo el proceso. También decido en este mismo momento que nunca volveré. El salón ofrece servicios de estética y sólo imaginar a la peluquera parlanchina dándome un masaje tailandés durante dos largas horas me hace sentir escalofríos, un puro pavor. 

Pero en todo hay belleza, hasta en las situaciones más absurdas. Asentada bajo el secador gigante, veo que entran dos mujeres hispanoamericanas muy humildemente vestidas y claramente con mucha alegría de poder entrar a una peluquería “de lujo”. Observo con estupor que una de ellas está dispuesta a desprenderse de su larga, sedosa y espectacular melena morena, pero le puede más la ilusión. Mientras pienso “quién pillara esa melena“, veo que le hacen un divertido y atractivo corte bob que realmente la moderniza. Su amiga, aún más emocionada, pide cita para el día siguiente, porque “yo también quiero cambiar”. 

Observo con extrañeza el color de mi pelo. No es el mismo que obtuve ayer, como si hubiera cambiado de un día para otro. Busco como una loca el spray aclarante de camomila y me lo aplico durante todo el día buscando el sol de la terraza. Les deseo mucha suerte a las profesionales de la peluquería de todo el mundo, a las que espero encontrar próximamente, (deben existir), quizás en otro barrio o en otro planeta. Se admiten sugerencias;) 

Un saludo y hasta pronto.



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